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Nuestra hija mayor. El lugar que tiene en nuestra vida

Mailén tuvo su nombre creo que en el segundo o tercer mes, lo cuento porque desfilamos por varios nombres, pero ninguno sentíamos que era para nuestra primera o única niña. También desfilamos por nombres para niño porque como algunas personas saben no supe que era niña hasta que nació y partió al cielo. 
Desde chica yo decía que mi primer embarazo sería niña. Por una cosa de generaciones familiares y por herencia, mi abuela era la primera hija mayor, mi mamá igual y yo también, por ende yo decía que era mujer la mía, además de ser la mayor. 
Casi todos los cercanos lo intuían, mi hermano, mi prima, mis amigas, lo vimos con la aguja, con el anillo, con el cálculo gitano, de todo y en su mayoría daba niña. Que la panza era redonda y no en punta... Que no tenía síntomas de nauseas o vómitos, pero si granitos en la cara eso reafirmaba las teorías que daban vuelta. Sólo hacía dudar que para ser niña era bastante inquieta, la comencé a sentir desde las 12 o 13 semanas. Era como aleteo, en las mañanas se movía de un lado a otro, era impresionante ver la panza tirante en un lado y luego se acomodaba en su cunita de agua. Lejos serán unos de los recuerdos más lindos de ella. 
Siempre he querido parir normal al natural, sin anestesia, tal como lo hicieron las mujeres de mi familia, confiar en el cuerpo, crear por si misma la oxitocina necesaria para traer a los hijos al mundo, poder producir la leche sin que se frene como consecuencia del exceso de anestesia, poder controlar el cuerpo y tener libertad de movimiento para aplacar el dolor propio de los procesos de parto. Creo en que no deberían tratarnos mal en los hospitales por bramar o por pedir que no nos inyecten nada y que en definitiva el parto es nuestro absolutamente. 

Con Mailén lo intenté sólo que hubo inducción, no con oxitocina, pero bueno... Todo ocurrió de forma rápida pero no menos dolorosa. Sentí contracciones y calambres en todo el cuerpo, fue un parto, por lo mismo me esforcé en que fuera como yo quería, sin interrupción, con respeto, con todos los consejos de mis amigas mamás que conozco en mi cabeza, teniendo lo que pude de libertad para moverme, pude controlar el dolor como lo imaginé... Nadie me puede venir con cuentos con respecto a las contracciones, jejeje tengo recuerdos de un ruido perdido, entre el dolor físico y la concentración en la respiración, de repente nace la necesidad de pujar y el mundo se congela cuando la recibes, hay ruido no hay gente, estás tú y ella nadie más, el entorno da lo mismo... Fue así que traje a Mailén como lo quería, esperándola con el amor que merecía, con el respeto para ambas de que esa sería la vez que podríamos estar juntas por última vez, confiando en Dios... La diferencia es que Dios se la llevo. 

Mailén es y será mi hija mayor, algunos pensarán que la rayo con el tema, pero considero que es una crueldad no comentar sobre los hijos que parten antes, el lugar ya lo tienen en nuestro mundo. Los médicos o quien sabe, consideran que llenamos a un feto de fantasías y nos enloquecemos en el dolor. Para mí primero no es un feto, lo segundo todo esto es entregarle el espacio que tenía para ella en la tierra. Dios quiso que fuera distinto y prefirió darle un lugar en el cielo donde estoy segura que está rodeada de nuestros seres queridos que la acompañan. 

Ahora la extraño, siempre la extraño, uno de los recuerdos que congelé días antes de que partiera fue la foto que he compartido en Instagram y aquí. A diario le pido a Dios que nos siga dando la fuerza para dar el paso y vivirla la pena de forma sana, de que no duela tanto en ocasiones en que siento que pierdo el rumbo, que me pierdo, que no me encuentro ni siquiera como mujer... ni como persona. Pero Dios nos bendice, tenemos amigos en Santiago y a nuestras familias y amigos que están lejos, que piensan en nosotros, que nos envían las mejores energías y eso se siente, la soledad en este infierno tiene otro color, porque sabemos que saliendo a flote de estas sumersiones, estarán ellos y ellas para abrazarnos y darnos el cariño y amor que se nos hace necesarios. Gracias a todos ellos y ellas.


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